Preámbulo:
El texto que sigue constituye una reflexión libre efectuada por aficionados, y como tal debe ser entendida. No es un estudio basado en datos corroborados ni un trabajo periodístico. Se agradecería cualquier colaboración constructiva sobre los hechos u opiniones aquí indicadas.
Peña Sevillista
Alsolano
Mayo 2003
El Sevilla
está aquejado de una enfermedad grave que a punto ha estado de costarle la vida
y aún no se sabe qué secuelas le dejará ( necesidad de vender el estadio y/o la
ciudad deportiva, enajenación del club a una empresa o socio dominante,…).
Una pésima
gestión nos ha situado en esta situación, que exige una terapia de sacrificios
durante varios años hasta enjugar la sustanciosa deuda que nos tiene
maniatados. En este contexto, los sevillistas nos conformamos en la actualidad
con que el equipo mantenga el tipo –preferiblemente en Primera– y ni siquiera
nos hacemos ilusiones sobre este o aquel jugador de la cantera, sabiendo que su
destino es venderlo cuando llegue una buena oferta.
Ahora
bien, no creo que el sevillismo admita esta situación más que como un estado
transitorio. Reconocer que el Betis compite en un nivel superior (como
recientemente han declarado Monchi y Caparrós) es aceptable durante tres o
cuatro temporadas, pero no de forma duradera. Al menos, ésta es la consciencia
que existe en la masa social, por lo que la consolidación de este status haría peligrar
seguramente el número de sevillistas activos y, sobre todo, la renovación o
incremento de esta población en gente virgen para el fútbol, en particular, los
niños.
Sin
embargo, tenemos la impresión de que generalmente se piensa que la vuelta a la “normalidad”
se producirá de forma natural una vez saldada la deuda, de la misma manera que
un muelle vuelve a su posición inicial cuando cesa la fuerza que lo mantenía
estirado. Y parece que esta opinión es también la de los responsables sociales
y deportivos del club, en quienes no se ve ningún movimiento que no sea esperar
que la recuperación económica nos devuelva al ranking que ostentábamos antes de
1-8-1.995.
La
evolución del Sevilla
Pues bien,
nosotros no creemos que esto sea así. Esta creencia –en la medida que exista-
recuerda a otra similar que ya padeció el Sevilla. Nuestro club fue un equipo
puntero en España en los años 40 y 50. De la temporada 39-40 a la 59-60 (21
temporadas) sólo en 5 ocasiones quedamos por debajo del sexto puesto. 16 años sobre
21 situándonos entre los 6 primeros de la Liga (1 campeonato, 4
subcampeonatos,…). A principios de los 60 comienza una crisis que culmina con
el descenso en el 67-68, pequeña recuperación (“rebote técnico”) y gran
descalabro con tres años seguidos en Segunda (72-75). Tras el ascenso, el
sevillismo concede unos años para la consolidación, pasados los cuales se
pregunta cuándo el club recuperará el sitio que le corresponde: un habitual, no
del título, pero sí de los cinco primeros puestos del campeonato. La época de
Cardo apunta en esta línea, que luego no se mantiene sino con altibajos. El
público, harto de quedar el 8º, canta “otro año igual”. La institución se llena
de prisas por recuperar status. Entre esto y otros factores (torpeza en la
transformación en S.A., desembarco de arribistas y sinvergüenzas en la
dirección del club) damos con nuestros huesos en segunda en 1997.
Vistos desde ahora esos 22 años, nos damos cuenta que el club había bajado de nivel. Nunca fuimos un grande como el Madrid o el Barça, pero sí clase alta. En este período, 1975-1997, habíamos sido clase media, como lo demuestra que 17 temporadas de 22 ocupáramos puestos entre el 7º y el 12º y sólo dos quintos y dos sextos puestos (el balance en la copa es similar; la última copa la ganamos en 1948 y la última final la jugamos en 1962. Si en 1957/58 llegamos a ¼ de final en Copa de Europa, eliminando previamente a un gran Benfica, entre 1975-1997 sólo jugamos 4 veces la Copa de la Uefa, en donde no pasamos de 1/8 de final, siendo nuestras victorias más ilustres contra equipos griegos y búlgaros).
Pues bien,
la afición no supo entender, o asimilar, que el equipo había descendido de
nivel en relación al que tenía antes de la crisis de los 60, cuando retornó a
su ser en 1975. De la misma forma, ahora estamos a punto de cometer el mismo
error si pensamos que saldada la deuda, el club volverá a ser de clase media o
media alta de forma natural.
Los
argumentos son:
1)
Aunque
eliminemos la deuda por hipótesis, el presupuesto de ingresos del club no
crecería por esta razón, lo que nos sitúa como uno de los equipos más pobres de
la categoría.
2)
El
éxito (social y deportivo) de otros equipos estos últimos años les ha llevado a
una capitalización y nivel de ingresos muy lejos de lo que el Sevilla puede
lograr en una década. Si observamos al Valencia o al Coruña, o incluso al
Mallorca o al Celta, poco a poco han ido haciéndose con plantillas que valen
muchos miles de millones, lo que les permite simplemente con una gestión
normal, mantener un nivel de equipo medio alto en la venta y compra de
jugadores.
3)
Como
siempre, la situación de bonanza alimenta otros ingresos. Estos equipos se
están habituando a jugar competiciones europeas, lo que multiplica sus ingresos
y ahonda las diferencias con los que venimos detrás.
4)
Item
más. Los dos apartados anteriores repercuten en la imagen de tales clubes,
incrementan sus derechos por este concepto y por TV y, potencialmente, le
procuran nuevos seguidores o, al menos, aficionados que se interesan por ellos
(por ejemplo, hace 10-15 años, un Coruña-Celta no interesaba a nadie fuera de
Galicia y no a demasiados dentro de ella, mientras que ahora es un partido con
mucho interés).
5)
En el
Sevilla y su entorno no se ve la posibilidad de aportaciones de capital o ayudas
iniciales que nos puedan situar en la órbita de esos equipos. No hay –ni se
desean- accionistas de referencia que quieran invertir en el club a la manera
como se hace en otros equipos. Además, al margen de los jugadores que haya que
vender para pagar la deuda, no existen activos realizables sin grave daño para
la entidad: el estadio no debe venderse ahora, y menos por la cantidad que se
ofrece; la ciudad deportiva está devaluada al calificar el Ayuntamiento la zona
como terrenos destinados a VPO. Huelga decir que no existe mucho margen de
negociación con el Ayto. si no nos vamos al Estadio de la Cartuja.
6)
La
cantera no obrará milagros súbitamente. Aunque sigan saliendo jugadores buenos
cuando ya no haya necesidad de venderlos, será difícil retenerlos si el club no
puede ofrecerles el nivel competitivo y las retribuciones de otros, y no
conseguiremos esto si ellos no se quedan, círculo difícil de romper.
Podemos
dividir la historia del fútbol en estos períodos:
Pues bien,
el Sevilla transitó mal el paso de la Edad Media a la Moderna y cuando se situó
en ésta lo hizo a un nivel inferior al que disfrutaba en la etapa anterior.
Volvió a hacerlo mal en el cambio a la Edad contemporánea y lleva camino de
consolidarse de nuevo en un nivel más bajo. Ésta es la cuestión. A día de hoy,
incluso sin deudas, el Sevilla es un club de clase media baja, cuya posición
natural debería oscilar entre los puestos 10-15 de la Primera División.
Los
sevillistas podemos tolerar e incluso apoyar un equipo más débil del que
creemos merecer, pero nos gusta pensar, como dijimos al principio, que esto no
es más que una situación transitoria. Probablemente, ahora, como en la Edad
Moderna, nos estemos engañando. En realidad, hemos descendido de categoría.
Este descubrimiento
–desagradable en sí- se agrava cuando tu equipo reside en una ciudad donde hay
otro, porque el riesgo de marginalización es grande. Se corre el peligro de que
generaciones de niños sean mayoritariamente béticos, de que la expansión por la
zona de influencia desaparezca o se reduzca a niveles ínfimos, la imagen de
club fuerte de la zona puede ser acaparada por el Betis…
Por eso,
como en la vida pocas cosas son inevitables, creemos imprescindible que el club
vaya poniendo los cimientos para su desarrollo a partir de que la deuda quede
zanjada, ya que no es incompatible desarrollar ambas políticas a un tiempo. Si
el club o el equipo están por debajo de su potencial social o histórico, hay
margen para crecer si se adecúan ambas magnitudes, es decir, si llevamos el
club al nivel que puede alcanzar por número de seguidores, personalidad
histórica, tradición de cantera, entusiasmo del sevillismo, etc.
Esto no
consiste sólo en mejorar la gestión, sino en tener un proyecto social (no basta
un proyecto deportivo, por bueno que sea el de Monchi-Caparrós), tener una
idea, un rumbo. Como dijo el clásico, “nunca sopla viento favorable para el
marinero que no sabe a dónde va”. Basta pensar en el Barça de Gaspart,
probablemente en el actual Betis, o en nosotros mismos en la época del “otro
año igual”, cuando un año se fichaba a Cantatore, otro a Luis, al siguiente a
Espárrago, Wallace, Azcargorta, etc.; un año decíamos que íbamos a ser un
equipo de cantera, al otro echábamos a Francisco o vendíamos a Ramón, luego
jurábamos lealtad a las ideas deportivas y los fichajes de Rosendo Cabeza,
fichando a Maradona y a Dassaev si había dinero para disfrutar a precio de oro
el poco fútbol que le quedaba a ambos.
La
estructura social del club debe asentarse. En la actualidad existen cuatro
tipos de clubes:
a)
Los
que no son sociedades anónimas deportivas: Atl. Bilbao, Osasuna, R. Madrid y
Barcelona.
b)
Las
SAD que están en manos de un accionista mayoritario, sea persona física (Betis,
At. Madrid, Rayo Vallecano, Milán en Italia) o jurídica (Mallorca- A3TV, Parma-
Parmalat,…)
c)
Las
SAD que tienen el capital muy repartido, funcionando en la práctica de forma
similar a los del tipo a), mediante el nombramiento de gestores profesionales.
Ejemplo paradigmático es el Coruña (si es lo que dicen ser).
d)
Las
SAD en que, aun existiendo muchos pequeños accionistas, la mayoría del capital
se reparte entre unos pocos (accionistas de referencia), en cuyas manos está el
gobierno del club: Valencia, como ejemplo típico.
Actualmente,
el Sevilla se inscribe en el grupo d), aunque con los accionistas de referencia
desavenidos, e incluso en reciente litigio una importante parte del capital con
el mayor accionista del club. No obstante, a muchos les gustaría dejar de ser
SAD y pasar al grupo a), es decir, volver a ser asociación de personas y no de
capital, posibilidad inviable actualmente. En su defecto, se ha intentado
organizar el club, con arreglo al tipo c), repartiendo el capital entre
accionistas minoritarios (ampliación del capital en 600 millones, de los que
los pequeños accionistas no suscribieron ni el 50%, sin que pueda intentarse de
nuevo la maniobra porque comprarían los mismos y dejarían de ser minoritarios).
En fin, nuestra ruina y falta de proyectos abona el campo para que nos
convirtamos en tipo b), siendo comprados por A3 o algún otro grupo empresarial,
muy a nuestro pesar.
Como puede
verse, en estas condiciones es imposible diseñar una estructura coherente que
acometa una línea estratégica determinada en lo económico y en lo deportivo. Se
comprende que la papeleta es difícil, pero nos atrevemos a pedir al Consejo que
promueva las conversaciones y gestiones necesarias para estabilizar la
estructura social del club. Siendo realistas, el tipo A es imposible, el B
indeseable y el C ha fracasado, por lo que sólo queda el D.
Posibilidades
de futuro
¿Qué se
puede hacer? Organizarlo y disponerlo en beneficio del club.
1)
Estabilizar
los paquetes accionariales. No debe tenderse a reducir la participación de los
pequeños accionistas en el capital social, porque garantizan el sevillismo en
la gestión o, al menos, en su control e impide o dificulta maniobras en
perjuicio del club.
Asimismo, deben clarificarse las posturas de los accionistas de referencia, levantando
las cartas. La dirección del club debería liderar un proceso de conversaciones
con los accionistas mayoritarios tendente a explorar las intenciones de éstos
como socios del Sevilla y, a la vista de las posibilidades que éstas ofrezcan,
diseñar un proyecto social del club: posible venta de acciones de quienes no
están interesados en el proyecto común,
pactos de sindicación de acciones que garanticen gobiernos estables,
creación de una burocracia profesionalizada que impida a los arribistas destrozar
la institución a espaldas de los socios, al tiempo que garantice una
transparencia obligada de la gestión (v.g, creación de un consejo de
vigilancia), definición de la estructura financiera de la sociedad, etc.
2)
Asentada
la mayoría de gobierno, éstos deben definir los presupuestos socio-económicos
bajo los que el Sevilla se regirá. Un ejemplo ayudará a entenderlo.
En los equipos del tipo B, el accionista mayoritario suele gastarse en el club
más dinero del que éste genera porque ello beneficia al grupo de empresas o a
su titular, en términos de imagen, publicidad, fiscales, etc. Así lo han
reconocido en varias ocasiones los representantes más conspicuos de este grupo:
Berlusconi, Gil, Lopera.
Pues bien, la mayoría de gobierno, es decir, los accionistas de referencia
constituídos en gobierno estable deben decidir cuál es su postura en este tema,
si habrá financiación externa a los ingresos del club o no, si existe
posibilidad de, al menos, una financiación inicial que nos dé el despegue
necesario para luego mantenernos por nosotros mismos, etc.
Incluso una respuesta negativa a esta pregunta tendrá la virtud de esclarecer
el panorama en el que nos movemos y diseñar las estrategias correspondientes.
No hay que ser pesimistas. El Ajax y el Bayern de Munich no cuentan con mucho
más.
3)
Esta
estructura estable conlleva necesariamente gestionar adecuadamente (ya que no
puede decirse “zanjar definitivamente”, hablando de estos casos), los problemas
que desestabilizan al club: La presión del Ayuntamiento para que nos vayamos a
La Cartuja, la situación de la ciudad deportiva, etc. Aunque no queremos
extendernos demasiado, intuimos que el tiempo corre a favor de un Sevilla
socialmente fuerte y en contra de un Sevilla socialmente débil. De aquí a poco,
el estadio mal llamado Olímpico no tendrá ninguna oportunidad de serlo, pues
para cuando fueran las Olimpiadas (que se conceden con 6 años de antelación)
estaría claramente obsoleto. Abandonado tan quimérico proyecto y depuradas
algunas responsabilidades políticas, la cuestión puede virar de forma más justa
y favorable a nuestros intereses.
Pero, en todo caso, la estrategia debe diseñarse ahora con valentía, tanto si
se opta por irse como si no. Las dudas están cavando la fosa del Sevilla.
4)
Vistos
los anteriores factores, deben ponerse las bases de la estructura social
externa (imagen, presencia exterior, talante de nuestras relaciones, trato al
socio, etc.). No seamos tan catetos como para pensar que todo es el dinero.
Hasta la Coca-Cola se preocupa de su imagen de marca. Es fundamental consolidar
la filosofía y personalidad del club y del equipo, los elementos que sirven de
aglutinante para los sevillistas y de referencia para los rivales, aquello que
nos hace sentir sevillistas allende las victorias o las derrotas.
Todo esto entraña una política interior que profundice en la cultura
futbolística del Sevilla y el sevillismo: pasión, diversión, buenos modos,
extensión de la vida social del club, mayor intensidad y diversidad en la
atención al socio (guarderías, etc.), eliminación de gamberros. El Sevilla es
la Sevilla de siempre, la Sevilla profunda hecha fútbol. En lo exterior, debe
mantenerse la relación con el entorno y mejorar la imagen de forma más radical.
5)
Si,
como parece probable, el Sevilla no puede cimentarse en grandes fichajes (y
aunque lo fuera) habrá de potenciar la cantera. Esto siempre se dice, pero su
grado de puesta en práctica no varía. Si en los últimos seis o siete años han
salido José Mari, Carlitos, Salva, Yordi, Lauren, Marchena, Velasco, Jesuli, etc.,
eso representa varios miles de millones de pts. de activo generado por la
cantera. Esta realidad aconseja incrementar la partida presupuestaria por este
concepto: mejor selección de técnicos de cantera, ampliación de la base de
selección a todo el entorno (Andalucía, Extremadura,…), aumento del número de
chavales, elevación de sus ingresos, diversificación de las atenciones a los
chavales (alojamiento, estudios, desarrollo psicológico,…), potenciación en los
escalafones inferiores de la cultura del club, etc.
El Sevilla será básicamente un equipo con raíces, por más que se refuerce con
cuantos fichajes seamos capaces de hacer. Como también se dice en las
“Reflexiones sevillistas”, un equipo que juegue a tener él la pelota, a
construir juego y dominar los partidos, a llegar a jugar buen nivel de fútbol
en el concierto europeo, desde la forma de ser y de entenderlo de nuestra
tierra y de la historia del Sevilla.
Fecha de creación de esta sección: 1.may.2003
Última actualización: 12.dic.2003